Liberar el tiempo
El ser humano es un ser contingente que transcurre entre el misterio del ser y la experiencia del tiempo. Este artículo desea integrar la mirada ontológica del sacerdote Alfredo Rubio de Castarlenas y la psicológica de Ramón Bayé.
Rubio, profundiza esta contingencia desde el ser cuando dice: “yo no era, podía no haber sido, ¡y soy!”, revelando que la existencia no es conquista propia, sino don recibido. Esta experiencia no conduce al vacío, sino a un descanso: “descanso en el Ser”. Por su parte Bayés lo expresa desde la vivencia temporal: “El tiempo es inmóvil, pasamos a través del tiempo. Notamos que hay tiempo porque envejecemos”. Esta constatación sitúa al ser humano en una condición concreta: no domina el tiempo, mostrando que aceptar el paso del tiempo en lugar de resistirlo permite una forma de libertad interior.
El tiempo, la muerte y la fiesta se entrelazan en estas dos miradas en una misma experiencia humana donde, paradójicamente, la plenitud aparece cuando el espacio, el tiempo, el silencio y la soledad trascienden y se integran a la fiesta. Como señala Bayés, “cuando somos felices nos situamos fuera del tiempo cronométrico… aprender a morir es aprender a vivir fuera del tiempo, deseando que continúe la fiesta”, abriendo un espacio interior donde la vida se experimenta con mayor libertad y profundidad.
Vivir el presente, incluso en medio del dolor, nos acerca a una “experiencia de eternidad”, o vida resucitada, tal como sugiere Ludwig Wittgenstein al afirmar que quien habita plenamente el presente ya participa de la vida eterna. Desde esta comprensión, Alfredo Rubio de Castarlenas lo expresa con radical profundidad: “Hasta la muerte es una fiesta”, porque cuando el ser humano descansa en el misterio que lo sostiene, incluso su fin puede ser vivido como plenitud.
El tiempo dedicado al silencio interior abre paso a una experiencia de comunión y libertad, donde el ego y el juicio pierden fuerza, permitiendo habitar el presente con profundidad. Desde esta actitud, es posible mirar el futuro sin angustia, con una esperanza que nace de “salir del tiempo” para situarse en lo esencial. Así lo expresa Santa Teresa de Jesús: "Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero", mientras Alfredo Rubio de Castarlenas lo concreta afirmando que “lo más parecido a la muerte es dejarlo todo y quedarse contigo… dejar de pensar que somos imprescindibles”, señalando así que solo al soltar la autosuficiencia emerge una verdadera libertad interior.
Siendo conscientes de nuestra temporalidad y vulnerabilidad, los proyectos, sueños y propósitos se van desarrollando con entrega, sin prisa, junto a otros. Aceptar nuestra contingencia nos ayuda a tomar decisiones con mayor lucidez, especialmente ante el dolor, la enfermedad o la incertidumbre.
El tiempo cronológico organiza nuestra vida, pero su vivencia es subjetiva. Cuando una actividad nos apasiona, el tiempo parece breve; cuando hay aburrimiento o sufrimiento, se alarga. Comprender esta diferencia nos ayuda a reconocer lo esencial: el modo en que vivimos. La espera puede generar ansiedad o sufrimiento, pero también puede transformarse en un espacio de calma y discernimiento cuando cultivamos el silencio interior, la relajación y la atención al momento presente. Actividades como la oración, el deporte, las actividades artísticas, los hobbies y las prácticas como el mindfulness y el EFT (Emotional Freedom Techniques) favorecen esta salida del ritmo acelerado cotidiano, ayudándonos a recuperar la paz interior.
Vivir con conciencia también implica ordenar nuestra vida concreta: relaciones, proyectos, responsabilidades y recursos. Esta preparación, asumida con libertad y serenidad, permite que incluso el final de la vida sea vivido en paz.
Así, cuando el silencio, la atención, la presencia y la conciencia se integran, el tiempo deja de pesar, el instante se libera y la vida, incluso en su fragilidad y finitud, puede experimentarse como plenitud: como una fiesta que anticipa lo eterno, como sugiere Alfredo Rubio incluso nuestra muerte puede ser vivida como una verdadera fiesta.













