OCTUBRE 2019





EL ROSTRO COMO ICONO



Paseo por las calles otoñales pisando las primeras hojas caídas de los árboles. Desde los escaparates, llenos de delgados maniquíes, esquivan mi mirada las fotografías de jovencitas que lucen prendas de última moda con mirada ausente y aire levemente malhumorado. El mismo gesto de incomprensible desencanto con que suelen aparecer en las pasarelas y en las secciones de moda de revistas y semanales de periódicos. Esa general melancolía resulta tan inadecuada a los elegantes vestidos que llevan como a su aparente bienestar. Así, en el caleidoscopio de la publicidad, el cuerpo y el rostro femeninos se multiplican bajo el prisma de una eterna primera juventud escasa de carnes y de alegría. 


A esa luz, muchas mujeres de a pie temen mirarse al espejo y afrontar cuán poco se parecen a tan exiguo modelo de belleza. Casi cualquier rostro de carne y hueso resulta tosco y sin gracia comparado con aquellas facciones regulares de labios displicentes. Ante el espejo, pocas pueden evitar un cierto desagrado al constatar las impúdicas pisadas que la vida les ha dejado bajo los ojos, en las mejillas y en el cuello; líneas que sólo podrían ser borradas por arte de bisturí. Pero... ¿serán más bellas, efectivamente, sin esos rastros que han configurado su persona, su historia personal, su modo de vivir la vida?


¿Y si uno se atreviera a mirarse, no a la luz de aquellos estrechos esquemas de belleza, siempre excluyentes, sino al calor de la portentosa realidad de simplemente ser? ¿Es que el hecho de vivir no es causa suficiente para que brote la sonrisa? ¿Tendremos el valor de mirarnos a los ojos, sin condiciones ni prejuicios, maravillándonos de poder decir yo?.  ¿Por qué dejamos que sean otros quienes nos convenzan que sólo somos dignas de amor si nos parecemos a quien no somos? ¡Qué pobre espejo, el espejo convencional de cualquier moda! ¡Qué misterio en cambio cada rostro, icono de una historia, de sus preguntas y sus intentos de respuesta! ¡Qué necesitados estamos de darnos por fin un “sí” humilde y lleno de ternura, a nosotras mismas, limitadas pero vivas, hoy y así, aquí y tal cual somos!


Sin embargo.. todavía se puede ir más allá, más adentro. Pasadas todas las antesalas del propio yo, en el recinto silencioso hay una puerta que se abre hacia el patio interior de mi persona con su pequeña fuente, un pozo de aguas claras. ¿Y si me asomo, en un temblor, a su brocal? Tímidamente primero, más decidida después, oteo en el fondo y a esa Luz puedo mirarme sin ambages. Más allá de mi rostro, entreveo el de Dios que habita en mí, silencioso, paciente. Al calor de su Amor advierto mi persona como un icono hecho a su Imagen. Cada minuto de mi vida marca mi cuerpo, y es rastro de su paso, de su abrazo, de su llama. ¡No me atrevería a quitar una sola de sus huellas! A pesar de los engaños, en mí hay verdad. A pesar de las dudas, certeza. A pesar del temor, hay también mucho amor. A pesar de los pecados, hay belleza rescatada. ¡Su beso ha encendido todas las candelas del jardín!



Leticia Soberón Mainero
Psicóloga, experta en comunicación 
Miembro Colegiata Ntra. Sra. del Cielo


SEPTIEMBRE 2019


XXV Aniversario de la Colegiata Nuestra Señora del Cielo

MESA REDONDA

MARTES 9 DE  ABRIL 2019 

CASA DIOCESANA 

Hermosillo, Sonora - México 



VIVIR EL CIELO AQUÍ Y AHORA


Mar de Galerazamba


Pauline Lodder 

Introducción

Cuando hablamos de vivir el cielo aquí y ahora, de hecho, hablamos del Reino de los Cielos… o, dicho de otra manera: vivir el Reino de Dios aquí y ahora.El Evangelista Mateo, prefiere utilizar el término “Reino de los Cielos” en vez de “Reino de Dios”, porque escribió para judíos, quienes prefieren evitar el uso directo de la palabra Dios.



I. CONSIDERACIONES GENERALES

1.    Un Reino en vez de un Rey
En el Antiguo Testamento no aparece casi el término Reino de los Cielos o Reino de Dios. Lo que aparece más bien es la visión de Dios como Rey.
Jesús no habla de Dios como rey, prefiere hablar de Dios como Padre, como Papá. Pero afirma que este Padre tiene un Reino (Padre Nuestro…, Venga a nosotros tu Reino).
Jesús introduce cambios teológicos muy interesantes:

En vez de hablar de Dios como Rey o de la espera mesiánica como la llegada de un Rey liberador, Jesús centra su predicación en hablar de la llegada del Reino: … está llegando el reino de los cielos… [1]

2.    El Reino de Dios es un don
En tiempos de Jesús se practicaba el sacrificio de animales en el templo y muchos ritos, para complacer a Dios.  Y en el templo hay mesas de cambio de monedas, para obtener la moneda del templo para comprar tórtolas, cabritos, para sacrificar.
Jesús vuelca las mesas, no porque esté contra el dinero, o contra el comercio. Lo que quiere decir es que no hay comercio posible con Dios.
La práctica del sacrificio de animales para obtener favores de Dios es obsoleta. Nuestro Dios no quiere sacrificios (profeta Miqueas [2]). Jesús muestra con su vida que la realidad es todo lo contrario: Nuestro Dios es un Dios que da todo, gratuitamente, a la humanidad. Nuestro Dios es todo don.
Y Jesús habla del Reino de Dios como un don que ya está presente y al mismo tiempo está por llegar.  El Reino de Dios no viene de forma espectacular, ni se puede decir “Miradlo aquí o allí”. Sin embargo, el Reino de Dios ya está entre vosotros[3].
Parece ser que el Reino de Dios no es una intervención puntual; se trata más bien de una acción continuada en cada instante, que sigue también en nuestra era…

3.     Reino de los Cielos implica un “si” a Dios
La petición “Venga a nosotros tu reino” esta seguido por “hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”. Cuando pronuncio esta frase del Padre Nuestro no lo siento como un deseo o como una petición. Me recuerda más bien a María de Nazaret, cuando el ángel le anuncia de parte de Dios, que concebirá y dará luz a un hijo. Ella responde: - que se haga según tu palabra / Que me suceda según dices [4]
Me recuerda a Jesús en Getsemaní, cuando postrado con su rostro en tierra, sintiendo una tristeza de muerte, ora: - Padre, si es posible, que se separe de mi esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya[5]./ pero que no sea como yo quiero, sino como quieres tú
El proyecto de Dios para la humanidad, lo que Dios sueña para nosotros, se llama Reino de Dios (o Reino de los Cielos). Dios no se impone nunca, Dios respeta nuestra libertad, espera nuestra adhesión. Para entrar en el Reino de Dios, es necesario decir un “si” a Dios, libremente. Hace falta un compromiso; hace falta que mi voluntad coincida con la voluntad de Dios, hace falta que “seamos una sola voluntad”.
El Reino de Dios es como un regalo; Dios lo da todo, gratuitamente. Pero cuando recibimos un regalo, podemos no abrirlo, guardarlo en un armario… O abrirlo, pero no usarlo nunca... Lo importante no solo es tener las manos abiertas para recibir este regalo, sino también abrirlo, es decir, vivirlo…

4.    El mundo de arriba se acabó; entrar en           la profundidad de lo real.
Cuando usamos el termino Reino de los Cielos, parece una realidad lejana: Dios está en el Cielo (Padre Nuestro, que estas en el cielo, …) y nosotros estamos en la tierra. Sin embargo, Jesús predica que el Reino de los Cielos está cerca[6]/llegando
El jesuita belga Roger Lenaers, describe esta cercanía de manera muy gráfica Su libro “Otro cristianismo es posible”[7] tiene un capítulo que se intitula: “El mundo de arriba se acabó!” Defiende que no hay dos mundos, uno de arriba y otro de abajo; dice que Dios está en la profundidad de lo real.
Dios siempre es más grande que todas nuestras palabras, Dios es inabarcable. Pero la visión del padre Lenaers me parece muy interesante.  El cielo y la tierra no son realidades lejanas, separadas. Es posible vivir el cielo en la tierra, pero eso implica estar disponible a entrar en la profundidad de lo real.

Después de estas consideraciones generales, vamos a ver que ha dicho Jesús sobre el Reino de los Cielos.  Era el centro de su predicación.
Jesús ha hablado mucho sobre el Reino de los Cielos. Le gustaba usar parábolas: unas narraciones breves, ancladas en la experiencia de la gente, para abrirles a nuevos horizontes, para mostrar que el Reino de los Cielos ya estaba surgiendo, para darles esperanza…
También después de su muerte, las Escrituras indican que Jesús Resucitado conversó durante 40 días del Reino de los Cielos[8].
Jesús es verbo encarnado: sus palabras se realizan, se transforman en actos. También todo lo que Jesús hace muestra como es el Reino de su Padre. En el Reino de los Cielos, las palabras y los actos tienen que coincidir, tiene que haber coherencia.
Comentaré brevemente 3 parábolas del Reino, pero está claro que es una minúscula parte, hay muchísima materia y se podría hablar horas.


II.            3 PARÁBOLAS DEL REINO


1.    Sembrar semillas de mostaza
El reino de los cielos se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo. Es más pequeña que las demás semillas; pero, cuando crece es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen las aves del cielo y anidan en sus ramas[9]. Me pregunto si vivir el reino de los cielos implica

- tener confianza en lo pequeño, dejarse de grandezas…
- tener esperanza en el crecimiento de lo sembrado…
  - ¿Lo importante en el Reino no es tener una cosecha, sino que crezcan árboles que sirven para que los pájaros pueden hacer sus nidos?

Pero las parábolas nunca tienen una sola interpretación, no son simples analogías:  su significado queda siempre abierto.
Lo que me sorprende más es que parece ser que la planta de mostaza en la época de Jesús estaba considerada como una mala hierba, invasora… [10] !No se sembraba!
¿Jesús nos invita a sembrar lo que nadie siembra?

2.    ¿Vender todo por una perla?
El reino de los cielos se parece a un comerciante de perlas finas: al descubrir que era de gran valor, va, vende todas sus posesiones y la compra[11]¡Qué decisión más impresionante, la del comerciante de perlas!. En el reino de los cielos hay que saber   tomar decisiones…
¿Y quizás también saber desapropiarse?


3.    Levadura y libertad
Sucede con el reino de los cielos lo que con la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta…[12]
El pan sin levadura ocupa un lugar importante en la tradición judía: recuerda
la salida de la esclavitud en Egipto; no tuvieron tiempo de esperar que el pan se levantase… Cada vez que se come matsah, pan plano, recuerdan que Dios les liberó. También podemos considerar que las hostias que se usan en las misas católicas son pan de libertad.
Los judíos consideran la levadura como algo podrido, impuro. Antes de celebrar la pascua hay que verificar que no haya levadura en la casa.
Entonces es bastante curioso que Jesús cuenta una parábola comparando el Reino de los Cielos con una mujer que mezcla levadura con harina. ¿Es una provocación? Yo pienso que el pan plano es signo de nuestra liberación. Pero una vez que Dios nos ha liberado, ¿Qué hacemos con nuestras vidas?
Quizás la levadura representa esta substancia que hay que mezclar con nuestra libertad. Se trata de saber ¿qué voy a hacer con mi libertad… matar, conquistar, acumular…? ¿qué substancia introduzco en mi libertad para que mi libertad se transforme en fiesta, en Reino de Dios?


III.           EPILOGO


1.    Nos mueve la realidad

Quiero acabar con una cosa muy importante, muy profunda, que queremos vivir en la Colegiata Nuestra Señora del Cielo: 
Y me gustaría expresarlo con una poesía atribuida a Miguel de Guevara, un fraile agustino, mexicano, poeta y filólogo, del siglo XVI



No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

¡Tú me mueves, Señor!  
Muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero no esperara,
       lo mismo que te quiero te quisiera.





Cuando decimos que queremos vivir el cielo aquí y ahora, no es que lo vemos todo de color rosa, y evitamos todo sufrimiento…
De hecho, cuando se pensó en construir un edificio para la Colegiata se dijo que al interior de la casa tenía que haber un friso que mostrara la iniquidad del mal.  Tener presente todo el mal que hay en el mundo.
Y por fuera, un friso que representara la creación, el Reino de Dios.
No nos mueve el cielo prometido, no nos mueve un ideal, no nos mueve recuperar un paraíso perdido: nos mueve la realidad…
Nos mueve la muerte de personas inocentes, nos mueve la violencia, nos mueve la injusticia, nos mueve el dolor que hay en el mundo, nos mueve las heridas de la gente…
Queremos abrirnos a los dones de Dios, al don de su Reino, para transformar el mundo…
Sabemos que lo que podemos hacer es una gota de agua en el océano, un granito de arena en el desierto… pero solo empezando a vivir el Reino se puede invitar a otros…

2.    Hacer don de sí mismo

Cuando he hablado antes que nuestro Dios no quiere sacrificios, hay una excepción: 
Para Jesús, el único posible sacrificio es el don de uno mismo.
Pienso que lo que queremos vivir en profundidad en la Colegiata Nuestra Señora del Cielo, lo que es vivir un auténtico cielo, lo que es vivir el Reino de los Cielos aquí y ahora, es: cuando un grupo de personas desean hacer don de sí mismo, para amar…
Esto es lo que pretendemos vivir en la Colegiata Nuestra Señora del Cielo.





[1] Mt 4,17; Lc 10,11
[2] Mi 6,8
[3] Lc 17,21
[4] Lc 1,38
[5] Mt 26, 39
[6] Mt 4,17
[7] Roger Lenaers , Otro cristianismo es posible, Editorial Abya Yala, Quito, Ecuador, 2008
[8] Hch 1,3
[9] Mt 13,31
[10]Jérôme W. Berryman, Jugar junto a Dios, pg.  115, 2002, Editor versión española, Jaime Case
[11] Mt 13,45-46
[12] MT13,33


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RESUMEN 
TALLER DE TEOLOGÍA NARRATIVA
8,10 y 12 de Abril 2019
Hermosillo - México

Llamados a la libertad: vivir la Pascua

María de Jesús Chávez-Camacho y Pauline Lodder ofrecieron tres talleres de teología narrativa en la parroquia del Carmen en Hermosillo. Cada sesión fue introducida por una narración bíblica, visualizada con objetos simples. A continuación, se ofrecía un tiempo participativo de contemplar y cuestionar la historia narrada. Terminamos con un canto de meditación y al final de cada taller se entregó a las participantes un documento para continuar la reflexión.  No se pueden hacer resúmenes de estos talleres, ¡hay que vivirlos! Pero he aquí unas pincelados y unas imágenes… Ponemos igualmente a disposición los documentos que se entregaron.

Taller 1: Pascua judía y Eucaristía


A partir de una narración sobre el Éxodo del pueblo hebreo, se profundizó en el significado de la pascua judía y su relación con la Eucaristía. Cada vez que los hebreos comen matsas, pan plano sin levadura, recuerdan su liberación de la esclavitud en Egipto. No fue un caminar fácil, había que aprender a vivir en libertad. ¿Dónde nos situamos nosotros en nuestro caminar hacia la libertad? ¿Qué nos parece importante? ¿El pan de la Eucaristía también es un pan de libertad para nosotros? ¿Cómo nos ayuda vivir en libertad?


Taller 2: Sacrificio o dar la vida

Como los talleres fueron realizados unos días antes que comenzara la Semana Santa, ofrecimos una narración de la pasión de Cristo. Compartimos sobre las incoherencias de las personas que condenaron a Jesús y sobre nuestras incoherencias… Sobre la última cena y el gesto del lavamiento de los pies: Jesús nos pide que lo pongamos en práctica y nos dice que si lo hacemos seremos felices. Terminamos con una oración a la esperanza de las mujeres sentadas delante de la tumba de Jesús.


Taller 3: Las 7 palabras de Jesús en cruz y lo que dijo después…

En este taller meditamos las palabras de Jesús en la cruz: ninguna palabra de odio, de resentimiento… También constatamos que somos cruciformes: brazos abiertas para abrazarse, para amar. Cantamos la poesía “No me mueve mi Dios” atribuida a Miguel de Guevaraun fraile agustino, mexicano, poeta y filólogo, del siglo XVI. Terminamos el taller recordando palabras de Jesús Resucitado; son importantes, tenemos que escucharlas para vivir en resucitado.




PUBLICACIONES 




AGOSTO 2019


XXV Aniversario de la Colegiata Nuestra Señora del Cielo

MESA REDONDA

MARTES 9 DE  ABRIL 2019 

CASA DIOCESANA 

Hermosillo, Sonora - México 



EN COMUNIÓN CON LA IGLESIA





Leticia Soberón Mainero

                                                                           
¿Por qué nosotras como Colegiata creemos que es importante la comunión con la Iglesia? El Padre Rubio, que fundó esta Colegiata, nos impulsó a ello específicamente. ¿Por qué?  Pues porque esta tarea de la teología encarnada, vivida desde la propia existencia, desde la soledad y el silencio, desde la humildad de la verdad, y atenta al momento histórico actual, no puede hacerse en solitario. Un individuo solo podría perderse en la autorreferencialidad o en los vericuetos de las modas ideológicas del momento. Por eso tiene que hacerse en comunión con la Iglesia nuestra Madre, y con otras personas que van caminando en el mismo sendero. Es un descubrir juntas el soplo del Espíritu Santo en la propia vida, en el tiempo que vivimos, en las personas a nuestro alrededor.

La pregunta de esta Mesa redonda, tan hermosa y sugerente es: ¿Dónde empieza el Cielo? Nuestra respuesta como ustedes ya ven, es “empieza aquí y ahora”. Y empieza aquí, porque Cristo nos abrió esta posibilidad. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Si nos preguntaran qué nos parece que caracteriza el Cielo, ¿qué diríamos? Seguramente tenemos unas ideas “de cartón” o de estampita sobre el Cielo. Nubes, luz, ángeles con arpas… Vayamos más al fondo de esta realidad sobrenatural que se nos regala como un don. El Cielo es sumergirse en el Amor infinito de Dios. Allí donde está Dios, es el Cielo. Es una fiesta, un banquete donde se llega a la plenitud de la alegría y el gozo, a causa de la íntima unidad con Dios y entre nosotros.  Podríamos decir que el núcleo fundamental de esa vivencia de Cielo, es la comunión de las personas que participan del Amor de Dios.

Pues precisamente eso es lo que Cristo ha hecho posible en la historia, aunque sea en semilla. La Iglesia es el signo visible de ese Reino donde se cumple la voluntad de Dios, que es que nos amemos. Esto significa que cada uno de nosotros, ya aquí y ahora, unido a Cristo, podemos vivir ese misterio. Podemos tener un solo corazón, una sola voluntad con Él, y así, unidos al Padre y al Espíritu Santo, nos llenamos de paz y de alegría. Pero no solos. Eso crea un vínculo único entre nosotros, que responde a la oración de Jesús en la última Cena: “Padre, que todos sean uno como Tú y yo somos uno” (Jn 17, 20-26), y nos invita a amarnos así para que el mundo crea.

Esta Colegiata vive ya y quiere seguir viviendo esa comunión que nos alcanza por medio de nuestra Madre la Iglesia. Un gran misterio, un regalo inmenso en que participamos de la vida y el Amor de la Trinidad.

Decía el Papa Juan Pablo II en sus Catequesis de los miércoles: “Las personas se convierten en imagen de Dios, no tanto en el momento de su soledad, cuanto en el momento de la comunión. De esta manera se entiende el concepto trinitario de la imagen de Dios” (14 nov. 1979).

Entremos un poco más en este hermosísimo misterio para paladearlo, contemplarlo. (Como ustedes saben, los misterios de Dios no son para ser entendidos o racionalizados, sino para ser contemplados, y en esa contemplación transformarnos participando de ellos por amor).

1.    El Cielo empieza aquí
Quisiera evocar ahora a aquel joven rico mencionado por Marcos (Mc 10, 17-30). Era un muchacho bien intencionado y observante de la ley que quería ganar la vida eterna después de su muerte. Así que el joven va y le pregunta a Jesús cómo alcanzarla. Él le responde lo que sabían ya los judíos por su doctrina: cumplir los mandamientos de la Ley de Moisés le abriría las puertas de la vida eterna. El chico aseguró que ya los cumplía desde su infancia. ¿Qué le faltaba? Jesús mira con amor a ese joven vehemente y le dice: “Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; luego ven y sígueme”. En otras palabras, “vente conmigo y empieza a vivir ya aquí esa vida eterna que anhelas”. Jesús es el inicio del Reino de Dios en este mundo.  Él trae la libertad, la justicia, la salud, la auténtica amistad, la alegría. Sólo que para entrar en ese Reino hay que nacer de nuevo. Dejar atrás los fardos que cargamos inútilmente y nos impiden volar. El joven en ese momento no se sintió capaz de dejar atrás su vida de comodidades (no sabemos si más adelante se convirtió en discípulo de Jesús). Pero todos los bautizados, tenemos ese regalo ya de entrada, sólo hay que aprender a desarrollarlo.

2.    El regalo de la comunión
Vamos a paladear juntos un poco más sobre este misterio que nos llega a partir de la muerte y resurrección de Cristo, y por el don del Espíritu en Pentecostés. Nosotros lo recibimos por el bautismo. Teniendo en el corazón al Espíritu de Dios, todos nosotros tenemos ya las primicias de esa Vida eterna que se nos ofrece en plenitud después de la muerte, pero inicia ya aquí y ahora. ¿Y qué significa eso? Que no estamos condenados a vivir peleando, en rivalidades, en desprecios, en batallas agotadoras. No. ¡Podemos vivir en comunión! Hemos recibido el regalo de poder compartir la unidad interior de la Trinidad. Es un portento que pocas veces gustamos y paladeamos.
Todos tenemos sed de amistad verdadera, de unidad con otros, de vivir en paz y alegría. Pues todo eso y mucho más es posible por Cristo, con Él y en Él. Es una vivencia mucho más profunda que el mero tener conocidos o amistades superficiales. La unidad de las personas que se abren al Espíritu Santo es la más duradera y robusta que pueda existir.

Tres condiciones para la comunión
La primera: tiene que ser vivida libremente. A las personas que aún viven esclavas de algo o de alguien, primero hay que ayudarlas a ser libres, pues de otro modo no disponen de sí mismas para entregar su vida. Por eso es tan importante liberarnos y luchar por la libertad de los demás respecto a adicciones, servidumbres, vicios, relaciones enfermizas. Jesús nos libera de todo esto para poder dar el siguiente paso.
La segunda: la comunión debe estar basada en el amor. La unidad sin amor se vuelve seca y árida. La comunión de las personas tiene que participar del Amor que le da origen. Es una unidad entre personas que se basa en el afecto, el aprecio y la acogida de los demás tal como son.
La tercera: tiene que desarrollarse en la ultimidad: todos servidores los unos de los otros; nadie luchando para ejercer un dominio sobre los demás. Cuando los discípulos discutían sobre quién era el primero de todos, Jesús los regaña y les dice: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”
(Mt 20, 17-28).
Nosotros como discípulos que viven después de Pentecostés, hemos aprendido la lección. Cada uno, cada una con sus ministerios y sus carismas propios, pero todos al servicio del Reino y al estilo de Jesús, que lavó los pies de sus discípulos.

Este camino obviamente requiere conversión. No se puede estar contemporizando con los criterios del mundo: las luchas de poder, las rivalidades, las envidias. Todo esto debemos dejarlo atrás para formar parte de ese Reino inaugurado por Cristo.

Nosotras como Colegiata queremos realizar lo que la Instrucción Donum Veritatis (de la Congregación para la Doctrina de la Fe) señala de manera hermosa: “…la búsqueda creyente de la comprensión de la fe es decir, la teología, constituye una exigencia a la cual la Iglesia no puede renunciar”. (Donum Veritatis, 1)
(…) El teólogo tiene la función especial de lograr, en comunión con el Magisterio, una comprensión cada vez más profunda de la Palabra de Dios contenida en la Escritura, inspirada y transmitida por la tradición viva de la iglesia.


El documento entiende la vocación de los teólogos como muy importante en la Iglesia, al servicio del pueblo de Dios. Por lo tanto, sólo se puede profundizar en la vivencia y la comprensión de la fe, desde una honda y verdadera comunión con esa Iglesia. Esa Iglesia hoy llagada y que afronta sus pecados, pero que sigue siendo también santa porque está habitada por el Espíritu Santo, a la que amamos y a la que queremos dar muchos hijos (que son siempre de Dios). Esa comunión en el quehacer teológico, que sirve para dar cuenta de nuestra esperanza a aquéllos que nos lo pidan. (cf. 1 P 3, 15).

JULIO 2019


XXV Aniversario de la Colegiata Nuestra Señora del Cielo

MESA REDONDA

MARTES 9 DE  ABRIL 2019 

CASA DIOCESANA 

Hermosillo, Sonora - México 



HACER TEOLOGÍA DESDE NUESTRO SER FEMENINO



María de Jesús Chávez-Camacho Pedraza


Introducción

Estoy muy contenta de estar aquí con ustedes hoy. Contenta de estar en Hermosillo, contenta de estar este año que es un año jubilar, siendo los 100 años de la llegada de Don Juan Navarrete a Hermosillo como obispo de Sonora. De Sonora al cielo, dijo él, y así fue.


De mi papá, Armando Chávez Camacho, hermosillense,  heredé su amor por su tierra. Él, como periodista y escritor, escribió varios libros. El primer libro que escribió fue una novela: “Cajeme, novela de indios”. Con ella obtuvo el premio estatal del Libro Sonorense.  De mi  papá también heredé su cariño a Don Juan Navarrete, de quien escribió una biografía: “Juan Navarrete. Un hombre enviado por Dios”.
Me dijeron que los hijos de sonorenses nacidos fuera de Sonora, según la constitución del estado, son Sonorenses. Así que me alegro mucho de estar aquí como sonorense.

//

En esta mesa redonda, que es como un trébol de cuatro hojas, a mí me corresponde hablar de hacer teología desde nuestro ser femenino.
Hablaré  brevemente;

a) Sobre algunos rasgos del pensamiento del Papa Francisco sobre la teología y la labor del teólogo.
b) Qué es lo que creo que aporta nuestro ser femenino al quehacer teológico.
a. Para luego dar paso a hablar sobre mujeres que desde su experiencia con el Dios de Jesucristo lo han manifestado de palabra y obra.
María y las mujeres que acompañaron a Jesús; las madres del desierto; las mujeres evangelizadoras de México; mujeres del siglo XIX y XX.


Teología

Se ha dicho mucho de lo que es la teología, la teología misma sus diversas ramas… Se ha dicho mucho, se ha escrito mucho. Yo hoy aquí, sólo traigo algunas perlas, de este gran tesoro…
¿Qué decir de lo que es la teología? Según la etimología, Theos significa: Dios y logos: discurso, tratado, o palabra. Se dice que la teología nace como el discurso sobre los dioses, así lo cuenta Platón en su famoso diálogo República,  379 ad. 
La discusión versa sobre la necesidad que tiene el Estado de buenos y verdaderos mitos que eduquen correctamente a los jóvenes, de ahí la necesidad de hablar sobre los dioses contando cómo son.  Es pues un estudio de las características y propiedades de la divinidad.
Pero dejando a Platón…. vemos que la teología cristiana parte de un ENCUENTRO: del encuentro con Cristo, que revela, a través de su vida, muerte y resurrección el rostro misericordioso de Dios.  El Papa Francisco habla de la importancia de este encuentro personal con Jesús. Un encuentro personal – dice - que ha tocado mi corazón y le ha dado una dirección y un sentido nuevos a mi existencia”. (Francisco, “Hablemos de la fe”, Respuesta a R. Scalfari: OR (e) 38 (20-9-2013) 6-7. En Tenace Michelina, Del clavo a la clave. La teología fundamental del Papa Francisco, p. 4) 
El 10 de abril de 2014, el Papa Francisco recibe al profesorado de la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma.
En aquella ocasión el Papa Francisco resumió en pocas palabras su visión sobre el cometido de la teología y las características del verdadero teólogo.  Señalaré algunos elementos que me parecen esenciales.

Él habla de tres ingredientes de una buena teología:

-  El estudio
-  El encuentro con la realidad
-  La oración

Lo que preocupa al papa Francisco es la concepción de la teología como un cúmulo de nociones, un saber completo y concluido. Una teología encerrada. Una teología de manuales desconectada de la realidad.
Una teología que solo ve la parte académica.  Él dice que una teología que no está vinculada a la vida es una ciencia sobre Dios que corre el riesgo de convertirse en ideología.
Insiste que la teología tiene que ofrecer una clave de comprensión vital, tiene que abrirse al mundo, al otro, al dialogo. Una teología de búsqueda de sentido. Una teología en movimiento, incompleta. (Una teología incompleta lo entiendo aquí en el sentido de que se van descubriendo cosas nuevas porque la revelación es inagotable).  Y una teología abierta al misterio de Dios…
Dice el Papa Francisco que un teólogo será tanto más fecundo y eficaz cuanto más animado esté por el amor a Cristo y la Iglesia, cuanto más sólida y armoniosa sea la relación entre estudio y oración. No se puede reflexionar sobre Dios con un corazón duro.
Él dice que no se necesitan teólogos que conozcan de memoria la doctrina, pero que no tienen fe. La fe no es nunca abstracta: tiene que ser testimoniada. Y dice también que los teólogos han de ser pioneros, pioneros del diálogo con las culturas. Y como él dice tantas veces, dice que  hay que ir a la frontera y no quedarnos en el cuartel. 
El papa dice también que la Iglesia necesita una teología que se integra con el empeño misionero, la caridad fraterna y el compartir con los pobres, con el cuidado de la vida interior en la relación con el Señor. La Iglesia tiene necesidad de una atmosfera espiritual de búsqueda. (Tenance Michelina….Introducción, IX-XXI)


La labor del teólogo, de la teóloga

Así pues, tres ingredientes de una buena teología:

-  El estudio
-  El encuentro con la realidad
-  La oración
Una teología vinculada a la vida.

El Papa en el número 103, de la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium: dice que reconoce con gusto cómo las mujeres brindan nuevos aportes a la reflexión teológica.  
Nosotras deseamos hacer esta teología desde nuestro ser femenino. Esto sin que  se trate de hacer una competencia con los varones sino en la complementariedad que a todos nos enriquece.
Creo que estos nuevos aportes a la reflexión teológica desde nuestro ser femenino están anclados en dos realidades:

1) Somos  casa

Las mujeres por fisiología, somos casa, el vientre  materno es nuestra primera casa.  Y las mujeres, independiente que hayamos sido madre o no, tenemos el cuerpo preparado para serlo.


2) Cuido y acogida

Hay algo en la mujer que se desprende de éste ser casa, que es el cuido. El cuido de las personas, el cuido de la creación.
Cuido que hombres y mujeres juntos estamos llamados a ejercer. Como dice el Papa Francisco en su Encíclica Laudate Si: “Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional, ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana”. (LS, 217) Cuido  que nos toca a todos ejercer, y que a que nosotras nos toca ejercer desde nuestro ser femenino.
Desde nuestro ser femenino, la Colegiata Nuestra Señora del Cielo invita a elaborar y difundir teología. Difundiéndola no sólo a través de libros, conferencias y a través de las redes sociales sino también difundiéndola, manifestándola con la vida. Teología hecha vida. Teología encarnada. Con una fe testimoniada, como dice el Papa Francisco. Manifestando de palabra y de obra, nuestra vivencia de Dios encarnado en Jesús.

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Quisiera ahora compartir con ustedes algunos ejemplos de mujeres que han manifestado su vivencia de Dios de palabra y de obra. Que han hecho un tratado sobre Dios a través de su palabra y su obra.  Mujeres de diversas culturas y épocas. Algo así como un ramo hermoso de flores de diversos colores, texturas, aromas.

María y las mujeres acompañaron a Jesús

Cómo no comenzar mencionando a la mujer nazarena que fue cuna, casa y que proporcionó cuido a Jesús: María. Entre las muchas imágenes  que me gustan en las que está representada María me gusta en especial en donde vemos a María leyendo las Escrituras, leyendo la Torá.
Meditando la Palabra de Dios. Ella que conservaba cuidadosamente  todas las cosas en su corazón, como dice el evangelio de Lucas (3, 51). Teniendo además una presencia activa en medio de los apóstoles después de Pentecostés, en la naciente Iglesia.
Había mujeres que acompañaban a Jesús en su vida pública. Algunas son mencionadas por sus nombres. Le acompañan hasta el final e incluso van luego a la tumba porque querían ungir el cuerpo de Jesús, su maestro y amigo. Cuánto sabían ellas del cuido…  Y María Magdalena será enviada por el mismo Jesús para ser apóstola de los apóstoles.

Hablaré ahora de otras mujeres quizás no muy conocidas que manifestaron su experiencia de Dios de palabra y obra.

Las Madres del desierto

Mary Forman, benedictina, escribió un libro hermoso que se titula: “Orar con las madres del desierto”.  Mujeres con sabiduría de vida, de los siglos IV y V, que fueron fundadoras de algunas de las primeras comunidades de mujeres. Vivieron como ermitas o en vida comunitaria en los desiertos de Siria y Egipto. Se les conoce como  Ammas, término que se utiliza para designar una madre espiritual, equivalente al de abba, nombre que se da al padre espiritual. El nombre de amma no es necesariamente el papel de abadesa o superiora.  Mujeres como Melania, Teodora, Sinclética….y otras, daban consejos llenos de sabiduría para la vida espiritual. Se podría decir que eran parteras de la vida espiritual en el sentido de mujeres capaces de escuchar los corazones de quienes las rodeaban de modo que el Espíritu daba a luz a Cristo en el corazón y la vida de estas personas.
(Orar con las madres del desierto, Mary Forman OSB, ed. Mensajero, p. 33 y 26). Por ejemplo Amma María era hermana de Pacomio, padre del desierto. (Soldado romano, convertido al cristianismo) Cuando él funda los cenobios (casas o lugares alejados de la población donde vivían monjes o monjas en comunidad) ella funda cenobios femeninos.  Las monjas de Panópolis, en Egipto, eran 400.

Mujeres sabias, portadoras del Espíritu y estudiosas de la Escritura, las ammas del desierto, pusieron sus dones al servicio de los demás. Enamoradas de Dios, del desierto y de la oración, fueron auténticas guías espirituales para todas las personas, hombres y mujeres, que las necesitaban.
Las vidas y sentencias de muchas Madres, fueron célebres en su tiempo debido a la tradición oral. Más tarde, sus apotegmas (frase breve que expresa un pensamiento o enseñanza) fueron recogidos en manuscritos. Estadísticamente, son más las Madres que los Padres, pero son pocas aquellas de las que nos han llegado datos biográficos y doctrina, debido a razones socio-culturales de la época. (ACI Prensa)

Las mujeres evangelizadoras de México

Se conocen muchos datos sobre los primeros evangelizadores de México; franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas y otras comunidades…. Sus vidas son conocidas,  las vidas de las primeras evangelizadoras de México va siendo poco a poco más conocida. 
Hice un trabajo sobre estas mujeres, en agradecimiento profundo por aquellas que desde España viajaron a la Nueva España para compartir vida y fe.  Evangelizadoras con su palabra y vida.

Porque la Iglesia también entonces, necesitaba lo que dice el Papa Francisco: una teología que se integra con el empeño misionero y la caridad fraterna.  Mujeres: unas como maestras, anunciado la nueva fe y compartiendo su saber, con la convicción de que la formación era importante también para la mujer, y defendiendo la dignidad de ésta. Otras como monjas y maestras, dando testimonio desde sus conventos.  Les menciono aquí algunos nombres: Catalina Bustamante, viuda y asociada a la familia franciscana; la primera maestra en México. Elena Medrano, que llega desde Salamanca.  Muchas mujeres recibieron el ejemplo de aquéllas que llegaron de lejanas tierras y decidieron responder al llamado de Cristo.  María Magdalena de Lorravaquio, jerónima, nacida en México (1570-1630). Su autobiografía es el primer escrito místico femenino que se conoce producido en la Nueva España.

Mujeres del siglo XIX

Paulina Jaricot

Una mujer seglar francesa, con un llamado interior fuerte a ayudar a los misioneros con oración y ayuda económica. Empezó poco a poco a recoger dinero y a pedir oraciones por los misioneros. Como tantas iniciativas, Paulina comenzó de manera modesta. Su manera de hacerlo fue muy original. Se dirigió a unas mujeres de un grupo de Iglesia que ella conocía y a sus compañeras de trabajo de la fábrica donde trabajaba, haciéndoles una propuesta. Las invitó a dar un céntimo a la semana a favor de las Misiones. Calculando 10 obreras y que cada una de ellas podía invitar a su vez a otras 10 amigas a hacer lo mismo, se llegaba a una colecta de 100 céntimos a la semana.
Estas convertidas en socias de la asociación que se crea, cada una  buscaba otras 10 personas que ofrecieran semanalmente la misma suma. La asociación pudo así extenderse rápidamente con millares de personas como miembros. Y con una colecta que aumentaba.
Hoy esta iniciativa se llama: Obra de la Propagación de la Fe. Fundada en Lyón, Francia, en 1822.

Tiene como finalidades principales:

  • Informar, sensibilizar y educar en el espíritu misionero, suscitando interés por la evangelización universal. 
  • Promover, teniendo presente la evangelización del mundo, la ayuda recíproca entre las diferentes Iglesias locales, tanto en el campo espiritual como material.
  • La Obra de la Propagación de la Fe, forma parte de las 4 obras misionales pontificias. Propagación de la Fe (la ya mencionada); Infancia Misionera (proyectos de evangelización y solidaridad en favor de los niños de países en misión); San Pedro Apóstol (ayudar a vocaciones surgidas en territorios de misión) (iniciativa de otras mujeres francesas: Juana Bigad y su madre Estefanía); Unión misional (formación misionera para obispos, sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral).


Las Obras Misionales Pontificias (OMP) son el principal instrumento de la Iglesia católica para atender las grandes necesidades con las que se encuentran los misioneros en su labor de evangelización por todo el mundo.
Paulina tuvo también otras iniciativas como la de crear las Bibliotecas populares  y también trabajó por mejorar la condición obrera.

Mencionaré otra mujer, esta vez de México, nacida en el siglo XIX y que murió en el siglo XX. (1881 - 1974)

Julia Navarrete y Guerrero

 Cómo no mencionar en este año Jubilar de Don Juan Navarrete y Guerrero, a su hermana mayor, la venerable Madre Julia. Fundadora, con la inspiración e impulso del Jesuita Alberto Cusco Mir, de la Congregación de Misioneras Hijas de la Purísima Virgen María. Su autobiografía intitulada “Mi camino” manifiesta la hondura de su vivencia e intimidad con Dios uno y Trino. Al leerla descubrimos a una gran mística mexicana del siglo XX. Madre Julia le pasa como a grandes santos. Oyó a un sacerdote de mucha fama que la vida mística sólo la comunicaba Dios a los grandes santos y en muy raros casos. Y se le levantó una borrasca pensando entonces que su vida de unión con Dios sea falsa e ilusoria. Y cuando ella le habla a Jesús, Jesús  tranquiliza a Madre Julia diciéndole: “tu vida es fe”, “cree en mi amor”, “cree en mi llamamiento a una vida de unión”. Después de que Jesús le habla así, ella, Madre Julia dice: me siento penetrada de su presencia como si mi alma fuera un sagrario en donde realmente está Jesús. (Mi Camino, 49).  Madre Julia sufrió la persecución religiosa, y al interno de la congregación calumnias y destierro. Mujer de gran fortaleza, siguió cuidando a la congregación en los tiempos difíciles. Mujer alegre, sociable y comunicativa; mujer de oración, sabia consejera. Manifestando de palabra y de obra, su vivencia de Dios encarnado en Jesús. Toda su vida fue una fe testimoniada, un tratado de Dios en palabras y obras.

Un último testimonio del siglo XX y que actualmente esta iniciativa cumple 60 años.

La ONG Manos Unidas

Su origen son mujeres de la acción católica. Fruto de su vivencia de Dios,  se sintieron llamadas  a dar testimonio de amor universal por el género humano; no se resignaron a que el mundo sufriera hambre. Hace 60 años lanzaron la primera campaña contra el hambre a partir de la cual se configuró lo que hoy se conoce como Manos Unidas, la ONG de la Iglesia Católica en España, para apoyar diversas necesidades en los países emergentes.
Trabajan por ejemplo en muchos países, a favor de la mujer. Como en  El Salvador que tiene el mayor índice de femicidios de América Latina, según cifras de Manos Unidas. Promueve asociaciones que brindan ayuda a mujeres que desconocen sus derechos y sufren violencia, abusos…  Apoya iniciativas de trabajo, granjas de pollos, fabricación de miel…. Apoya la formación de jóvenes para prevención, trabajando por un futuro sin violencia.

Frases finales

Quisiera terminar con una frase de una compañera nuestra de la Colegiata.
Natalia Plá, miembro de la Colegiata hizo una ponencia en el Convento de San Esteban, de los dominicos de Salamanca en España.  (Una ponencia en el marco de un homenaje a un sacerdote dominico que obró por restaurar los estudios místicos en España: el Padre Juan González Arintero, dominico).  Aunque su ponencia no es específicamente sobre teología, creo que puede aportar una luz a toda esta reflexión.  Natalia señala que nada se nos da sino es encarnado. Dice que una espiritualidad encarnada nos hace adquirir la mirada misericordiosa de Dios Padre, la mirada amiga de Jesús, la mirada creativa de Espíritu Santo. Empapados del modo de mirar a Dios, esa mirada nos traspasa y llega, a través de nosotros al mundo. El amor de Dios ha de acariciar a los seres humanos a través de nuestros ojos. Y agrega que una espiritualidad encarnada nos va llevando a transitar de ser creyentes a ser santos.
Creo que estas frases manifiestan lo que puede unirnos hombres y mujeres. Hacer teología, difundir teología desde la fe testimoniada, desde el estudio, desde el encuentro con la realidad y la oración;  que menciona el Papa Francisco. Desde el encuentro con el Dios de Jesús, manifestándola en palabra y obra.
Alfredo Rubio decía: “antes hacía cosas con amor; ahora veo que se trata de ser amor que hace cosas; amor y sólo amor”. Este es el llamado común: hacer que nuestro ser se convierta en pura caridad.


Bibliografía
  • Chávez-Camacho Pedraza, María de Jesús, Las primeras evangelizadoras de México.
  • Compte Grau, María Teresa,  Diez cosas que el Papa Francisco propone a las mujeres, Publicaciones Claretianas, 2018.
  • Forman Mary OSB, Orar con las Madres del Desierto, Ediciones Mensajero, Bilbao 2007
  • Navarrete y Guerrero Julia, Mi Camino: autobiografía de la Sierva de Dios Julia Navarrete,  CEVHAC, México 1993.
  • Papa Francisco, Laudato Si, Carta  Encíclica de S.S. Francisco, San Pablo, Madrid 2015.
  • Pla, Natalia, Vivir una espiritualidad encarnada: el reto de nuestro tiempo. Ponencia en el Convento de San Estaban, Salamanca 2011
  • Tenace Michelina, Del clavo a la clave. La teología fundamental del Papa Francisco, BAC Popular, Madrid 2018.