ENERO 2022

 EL SILENCIO ES ABRIRSE A LA REALIDAD


El silencio no es callar, es abrirse a la realidad, es la afirmación que hace Teresa Guardans, filóloga y lingüista, de Barcelona que acaba de publicar “Las claves del silencio. El arte de vivir”. En la entrevista que le hacen a raíz de la publicación de su libro, ella explica que cuando hizo su tesis doctoral sobre el silencio, hace años, la gente no entendía el por qué de una tesis doctoral sobre este tema. Señala que esto ahora,  ya no es tan difícil de entender, pues ya se ve que el silencio aporta y es una verdadera necesidad del ser humano.

Uno de los sectores donde más ha trabajado Guardans, es en el ámbito educativo, especialmente con profesores de básica y media. Y señala que con los niños y también con los adultos, trabajar el silencio tiene que ver en cómo atendemos, exploramos y nos fijamos en la realidad y, en el caso de los más pequeños, en cómo el cuerpo acompaña esta escucha, la manera de abrirse a todo, a la realidad… Guardans dice que cuando trabaja con profesores lo que explica es que esta dimensión silenciosa se tiene que incorporar en todos los ámbitos del conocimiento. Está bien hacer un tiempo de silencio al principio que sirva para relajar y reconducir la atención, pero lo interesante es que todas las áreas del conocimiento o de cualquier otra actividad, no se basen exclusivamente en la transmisión del conocimiento conceptual, sino que incorporen las capacidades de contemplación, escucha, interrogación y admiración. 

Llama la atención que lo que afirma Teresa Guardans sobre que el silencio es abrirse a la realidad, es lo mismo que señalan otros autores, como Javier Melloni cuando se refiere al silencio como apertura, y Tolentino Mendonça cuando escribe, que “el silencio es un lugar de lucha, de búsqueda y espera. Poco a poco nos sumamos a la posibilidad de dar espacio, de abrir nuestra vida al otro, dejándonos habitar por la revelación de la alteridad.”  También Pablo d’Ors dice que la meditación en silencio es tirarse de cabeza a la realidad y darse un baño de ser. Y Alfredo Rubio de Castarlenas, médico, sacerdote y poeta, vinculó siempre con su vida y su obra, el silencio en soledad con el hecho de contemplar y abrazar la realidad. Los espacios de estar a solas y en silencio no son para huir de la realidad sino para mirarla con mayor perspectiva y hondura. Con una mirada más amplia que no nos encierre en lo que es la realidad en sí, sino que, desde ella, desde su aceptación, podamos abrirnos a las nuevas posibilidades que brotan desde su mismo núcleo.


Lourdes Flavià Forcada

Murtra Santa María del Silencio

Miembro de la Colegiata Ntra. Sra. del Cielo


Fuente: murtra.org 

Imagen: Pixabay



CAMINAR JUNT@S


2. Escuchar

El segundo tema del Sínodo nos invita a plantearnos cuánto, cómo y a quién escuchamos; con quién estamos en deuda de escucha. Si como Iglesia somos capaces de escuchar a personas que piensan distinto y nos cuestionan; si logramos abrirnos a comprender a los demás, sin prejuicios, descalificaciones o condenas… 

En esta pregunta hay una dimensión individual y también una comunitaria. 

La escucha -activa, realmente empática- es una actitud propia de las personas respecto a otras personas. Consiste en dejar en reposo nuestras ideas y propuestas, para recibir con respeto y comprensión las de la otra persona. Escuchar su historia, sus impresiones, sus valores…y acogerla sin juicios para poder ofrecerle luego alguna impresión o pista que pueda servirle, si es que lo necesita.

Y muchas personas capaces de escuchar, forman comunidades abiertas a los demás, no para renunciar a las propias convicciones, sino siendo capaces de aprender lo que otros aportan, y de com-padecer si hay sufrimiento o dolor. Estar a la escucha nos ayuda a poder ofrecer lo mejor de nosotros mismos, de acuerdo con el Evangelio, si el otro tiene necesidad de algo. 

Muchas comunidades abiertas y coherentes, forman una Iglesia acogedora y escuchadora de la sociedad. Para comprenderla mejor, para sintonizar con sus necesidades más hondas, para generar una palabra elocuente que surja del auténtico encuentro.

¿Somos personas, comunidades, Iglesia, capaces de escuchar? ¿Cómo podemos mejorar en este camino?


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