JUNIO 2022

 Hacia el ser ecológico

A raíz de la docencia universitaria prolongada y enriquecedora con el documento de la Carta de la Paz[1] (texto corto de sensibilización que pretende favorecer una cultura de paz, equidad y justicia), inicié una profunda reflexión personal y un largo proceso de transformación en algunos aspectos de mi vida.

En mí se despertó algo dormido, fui sintiendo la gran necesidad de ‘desaprender y deconstruir’; seguir otros senderos y abrirme, incluso, hacia lo profundo de mí, para conocer lo que soy, aceptándome tal y como soy, con capacidades, límites y circunstancias del entorno. En esta tarea me fui reconociendo como portadora de injusticias, sustentadora de un estilo de vida consumista -devastador para los seres y el planeta-; incoherente ante mis discursos de respeto hacia los otros ‘diferentes y libres’ como yo...  Con el paso del tiempo, caí en la cuenta de que me había desconectado de aspectos que, nuevamente, iban tomando relevancia, como por ejemplo: mi cuerpo, sus órganos y funcionamiento; o los elementos de la naturaleza que nos conforman y de los que somos una parte; la unión con el resto de seres vivos o con la fuente energética que nos sostiene.

Agradezco estos 15 años. Mientras trataba de enseñar se me abrían horizontes nuevos, otras visiones del mundo, e iba haciendo cambios, recibiendo experiencias y aprendizajes.

El punto 5 de la Carta de la Paz[2] que tanto pregonaba en las aulas, había calado en mis adentros. Me hizo darme cuenta, sentir -no tanto pensar- mis raíces primigenias (existo como única posibilidad de ser lo que soy, fruto de lo que me precedió históricamente: acontecimientos, ancestros, átomos, tiempo y espacio). Se juntaron en mí, un yo soy rescatado de la nada, singular único e irrepetible que podía y puede reír y llorar, amar y odiar junto a todo lo que existe.  Asimismo, iba creciendo el valor existencial por el otro, aunque esté lejos o no lo conozca -es un tú que existe por gratuidad y carambola cósmica como yo-. Redescubrí el valor de la compleja y rica diversidad cultural que nada tiene que ver con el linaje sanguíneo y sí, con la hermandad, incluso de todo lo existente, que se amplía sin límites hasta fuera de nuestro universo.  Lentamente, fue una evolución hacia una mayor consciencia de mí, con la imperiosa necesidad de vivir desde el cuido y la conservación en los indivisibles ámbitos de la vida.

Me iba unificando de tal manera que opté por lo ecológico como una alternativa para mí, más austera y sostenible. Empecé a sentir el cántico de san Francisco a las criaturas como una oración de palabras sagradas que me arropaban y se encarnaban[3].

Fruto de este proceso, y tratando de producir el menor impacto funesto en el entorno, decidí apoyar iniciativas de respeto a los seres humanos y al resto de vivientes. Empecé a reciclar, compostar, buscar formas alternativas de menor agresión ambiental; también a colaborar, cuidar y conservar lo que usaba o tenía, fuera una cuchara, un pájaro o una flor. Inicié una dieta vegetariana a favor de la vida y en contra de la industria cárnica que tanto encarecen los alimentos y es la causante de enormes cantidades de gases tóxicos y residuos sólidos.

Sí, siento el gozo de reconocerme en lo que soy, una con lo creado -desde sus múltiples formas de vida que apuestan de forma silenciosa y creativa por mejorar el mundo, la subsistencia y la convivencia-. Siento la importancia de continuar por este camino ya que formo parte de ese bello universo donde las personas tenemos la posibilidad de humanizarnos o destruirnos, no solo a nosotros mismos, también a la naturaleza que es nuestra casa común.


Imagen Pixabay

Los seres humanos sabemos que -por ser imagen y semejanza de Dios-, podemos expresar que somos ‘los preferidos’ (cfr. Gn.1,26), pero también sabemos de nuestra responsabilidad en la evolución planetaria. Formamos parte del universo y el planeta; y en él no somos mucho más que otras especies, podemos llegar a extinguirnos fácilmente por nuestra propia y amenazante inhumanidad con actitudes de preponderancia, poder, vanagloria, injusticia….  ¡Somos responsables de que el Reino de Dios se realice en nosotros y en quienes nos rodean!

Todo lo creado es bello, diferente, variado, con diversas funciones, papeles y características dentro del ecosistema universal. Parafraseando a san Pablo podríamos decir, ‘somos un solo cuerpo con muchos miembros…’ (cfr. 1 Corintios, 12). Lo que concierne a la vida, es parte de un sistema conexo que se mueve al unísono y en armonía, si cada uno responde libre y benévolamente desde la paz, la belleza, el bien. Y para eso, tenemos buenos guías: Jesús con sus bienaventuranzas (Mt.5,3-12), San Francisco con su suplica a Dios, ‘hazme un instrumento de tu paz’[4] y que nos invita ante cualquier ofensa, a ofrecer amor, perdón, unión, fe, verdad, alegría, luz, consuelo, comprensión; a entregarlo todo, sin mirar a quien.

Es un gran reto responder a los desafíos actuales y reconstruir, crear, hacer crecer, florecer y cuidar cuanto existe en nuestra casa común.


Anna M. Ollé Borque

República Dominicana 2021 - 2022
Miembro de la Colegiata de Nuestra Señora del Cielo

 


[2]Punto 5 de la Carta de la Paz: “Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad”

[3] Oración de San Francisco “El cantico a las criaturas”.

[4] Oración de San Francisco “El cantico a las criaturas”.



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7. Dialogar con otras confesiones cristianas:

  

En nuestra sociedad se han multiplicado los grupos e iglesias cristianas que no se sienten identificadas con la Iglesia católica. No siempre es fácil dialogar, sobre todo cuando nos entendemos como "competidores" por el corazón de las personas. Si bien no siempre el diálogo es posible, podemos preguntarnos:

¿Conocemos a personas que creen en Jesús desde otros modos de celebrarlo y entenderlo? ¿Dialogamos con ellas buscando lo que nos une? ¿Qué dificultades encontramos y cómo las superamos?


Meditación


Imagen cortesía Toñi Ortiz



MAYO 2022

Cristo vive

Cristo vive, Christus vivit, es una de las exhortaciones apostólicas del papa Francisco dirigida especialmente a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios. El primer punto dice: “Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo!”

Que proclamación tan profunda “¡Él vive y te quiere vivo!”. Precisamente acabamos de vivir una vez más la resurrección de Cristo que nos invita de nuevo a vivir el sentido de la resurrección, pero el Papa añade “te quiere vivo” y esta exclamación nos pide profundizar como cada uno vive esta experiencia. Y, en el segundo punto, el Papa dice: “Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar.”

Estas palabras del Papa nos dan una fuerza profunda y espiritual, que yo percibo como un ‘grito’ para reconocer que Cristo vive para que cada uno encarnemos y sintamos esta presencia en nuestro ser y en nuestra vida, ya que nuestro ser se inserta en la transcendencia gracias al don del sacramento del bautismo.

También la Iglesia, en la vigilia pascual, proclama la gran alegría de que Jesús vive porque ha resucitado. El relato evangélico del sepulcro vacío (Lucas 24, 1-12) dice: “¿Por qué buscáis entre los muertos a aquel que vive?. Recordad cómo os hablaba cuando estaba en Galilea (…), y, al tercer día, había de resucitar”. Este gran evento ya estaba anunciado pero, precisamente, son las mujeres las que anuncian a los apóstoles que Jesús ha resucitado. Qué momento tan significativo y qué gran misión: ser mensajeras de este gran suceso, es decir, ser las apóstalas de los apóstoles.

Imagen Sister of Saint Joseph of Chambérry

De alguna manera las mujeres ya murieron con Cristo y también resucitaron con Él. Quizás, algunos todavía siguen contemplando a Jesús en la cruz y no han percibido la novedad de la presencia de Jesucristo resucitado que invita a ser personas nuevas para vivir el Reino de Dios que el mismo Jesús ofreció. Reino que invita a vivir desde y con la caridad.

Por lo tanto, hoy nos preguntamos: ¿Cómo vivimos la resurrección? ¿Ciertamente, nos la creemos? ¿Todavía dudamos? ¿Necesitamos ver y tocar? A través de los textos de las apariciones de Jesús con la gente de su época hasta la Ascensión, podemos entender  e interpretar aquellos momentos. Pero hoy, en la actualidad, qué significado tiene para cada uno la presencia de Cristo vivo. La religiosa Mariola López comenta sobre los relatos que narran el encuentro con el Señor Resucitado: “El Resucitado se presenta como presencia que da vida: se deja ver, sale al encuentro, habla, interpela, corrige, anima, comunica paz, seguridad, alegría, confirmación. Su manera de hacerse presente es personal, identificadora, de nombre a nombre, suscitando recuerdos cariñosos y experiencias comunes. Sus encuentros son fugaces. Solo busca tocar el corazón, darles un soplo que les permita reaccionar, sacudirse la tristeza y devolverlos a la vida.”

La experiencia de vivir y sentir a Jesús Resucitado es personal e indelegable porque Jesús sale al encuentro y nos llama por nuestro nombre. Requiere una actitud receptiva para percibir cualquier signo y requiere creer y confiar. Los cristianos creyentes podemos participar de la eucaristía que nos permite comulgar del “Cuerpo de Cristo”, esta también es una manera de vivirlo.

Muramos a las actitudes viejas que no son del Reino y vivamos resucitados con Él. Jesús Resucitado nos invita a ser personas nuevas, sintiendo y reconociendo en nuestro ser su presencia que no nos abandona y nos dice “no temáis”. Esta actitud valiente nos pide tener fe y vivir humildemente para ser portadores de esperanza. Y Jesús nos dice “paz a vosotros”, una paz nueva que nos impulsa para dar testimonio de lo que vivimos. Cristo vive para siempre y con alegría debemos ejercer esta misión de ser portadores de esta experiencia de Jesús Resucitado.

Assumpta Sendra Mestre

Profesora de Humanidades URL-Barcelona
Miembro de la Colegiata de Nuestra Señora del Cielo



Caminar junt@s


6. Dialogar en la iglesia y la sociedad:

  
El diálogo interno y externo en la Iglesia, es un camino importante para la construcción de las comunidades, y también para la relación con la sociedad.

Pero requiere método y perseverancia, que comprende también silencios y sufrimientos, pero que es capaz de recoger la experiencia de las personas y de los pueblos. El Sínodo nos hace preguntarnos cuánto y cómo dialogamos internamente, qué tanto impulsamos diálogos plurales y diversos hacia fuera de la Iglesia, con qué sectores sociales dialogamos y con cuáles no...

¿Cómo se afrontan las divergencias de visiones, los conflictos y las dificultades? ¿Cómo nos abrimos a las personas y grupos que nos interpelan para dar razón de nuestra esperanza?.



Meditación


















ABRIL 2022

Vivir en el kronos o en el kairós

Recientemente un amigo, hermano Marista, fue invitado a hacer algunos comentarios sobre el mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de este año 2022. El título de este mensaje es: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a). Este título en sí mismo tiene ya bastante contenido para analizar sin entrar al detalle del texto.

Santiago, que así se llama mi amigo, entresacó palabras pilares de este mensaje y sobre ellas fue elaborando sus comentarios. Yo quiero ahora compartir lo que más me inspiró y me llamó a profundizar en este tiempo cuaresmal, pero ante todo, ya de cara a la vivencia de la Pascua.

El papa Francisco en el desarrollo del mensaje nos pone frente al kairós, ese tiempo favorable, ese tiempo propicio, ese tiempo al estilo de Dios en el que deberíamos saber vivir para sembrar el bien. Seguramente todos deseamos hacer el bien, desarrollar nuestra vida de manera productiva y que ayude a nuestro bienser y bienestar y al de los demás.

¿Pero, cómo vivimos nuestro día a día? Estamos inmersos en el mundo que se rige por el kronos, ese tiempo marcado en segundos, minutos, horas, días y que condiciona nuestras actividades. Y en parte, eso es bueno, pues necesitamos tener horarios, saber distribuir nuestro quehacer en el tiempo disponible, ser responsables, puntuales e ir alcanzando metas. Y me pregunto, en este mundo que va a velocidades exorbitantes, que pueden llegar a atropellarnos con tanta actividad, ¿no nos hemos convertido en esclavos del kronos, y hemos perdido la perspectiva del kairós?

Vivir al estilo del kairós, requiere paciencia, saber esperar. Papa Francisco da el ejemplo del campesino que siembra la semilla a su debido tiempo y luego espera a que esa semilla dé fruto. Y pienso entonces, ¿cómo es esa espera? Ha de ser una espera paciente, pero no holgazana, pues hay otras cosas que se pueden hacer mientras se espera, como abonar la tierra y regarla. Sin embargo, también debe ser respetuosa, pues no se puede forzar a que florezca antes de tiempo. Ha de ser entonces un tiempo que se caracteriza por la acción, pero también por la contemplación, por el acompañamiento silencioso y empático.

Y me planteo algo más en esta breve reflexión. Mi vida no es en solitario, mi vida es comunitaria; en mayor o menor grado, lo que hago se desarrolla entre varias personas. ¿Cómo vivir al estilo kairós en mis relaciones humanas en un mundo dominado por el kronos?

Imágen Cortesía de Patricia Castillo Ávila

En el trato con las personas, ¡qué falta nos hace muchas veces saber vivir en el kairós! Ese kairós que es paciente, que valora los aportes de los demás, que es respetuoso de los tiempos de los demás (claro, sin caer en la permisividad de la irresponsabilidad). Y también me cuestiono, así como el kairós me invita a ser paciente hacia afuera y respetar el ciclo natural de los acontecimientos, ¿sé asumir ese kairós hacia adentro de mi ser? Me explico, ¿sé reconocer mis límites para asumir solamente las responsabilidades que podré cumplir apropiadamente, o me desbordo de actividades que voy solo sacando adelante, cumpliendo con el kronos, sin realmente darle esa dedicación merecida al estilo kairós? ¿Sé reconocer con humildad que necesito de los demás para sacar adelante proyectos comunitarios al estilo kairós? ¿He caído en la cuenta de que en los proyectos comunitarios en la perspectiva del kairós estoy invitada a sembrar, pero la cosecha probablemente le corresponde hacerla a alguien más, (o puede ser que en algún momento mi tarea comunitaria sea recoger con humildad la cosecha de lo que alguien más sembró)?

Considero un hermoso itinerario pascual, preparado en Cuaresma, saber equilibrar mi vida entre el kairós y el kronos para poder sembrar el bien en el tiempo oportuno. Y ello solo podemos hacerlo con la mirada puesta en Jesús Resucitado, que nos trae nueva vida, que nos trae la luz que nos llevará en un camino renovado en nuestra fe y esperanza, en donde se nos invita a ir sembrando el bien, hasta el día en que el kronos dejará de existir y viviremos por siempre en el día sin ocaso, en el tiempo de Dios.

Patricia Castillo Ávila

Miembro de la Colegiata de Ntra.Sra. del Cielo

Guatemala



Caminar junt@s



5. Corresponsables en la misión:


El Sínodo nos invita también a reflexionar sobre el alcance de nuestra vivencia de corresponsabilidad en la misión de la Iglesia. Cada persona que sigue a Jesús y decide aceptar la misión de apóstol, participa con los demás de ese envío misionero, que sin embargo nunca es individualista. Siempre vamos enviados y acompañados por el cuerpo eclesial en su totalidad. ¿Cómo nos sostenemos unos a otros en esta esforzada labor? ¿Cómo sostenemos a los misioneros y misioneras en todos los ámbitos? Sintámonos realmente partícipes de esta hermosa responsabilidad compartida.



Meditación


Texto extraído Pliego Tante Bigourdan 114


Estamos en tierra extranjera  - Gemma Manau. Enero 12, 2021


MARZO 2022

APRENDIENDO A GESTIONAR EL RIESGO 


De directora de Recursos Humanos a formadora de humanos adolescentes, donde todo recurso es poco. Así fue el timonazo que di en mi vida, con la ayuda del Espíritu Santo y sus ayudantes, hace apenas unos meses.
 
No es que necesitara estabilidad, me diera miedo el riesgo o disfrutara de un prestigio que no quisiera desechar; eso lo tenía bien encajado. Sin embargo, sentía un fuerte compromiso que no me permitía abandonar el puesto de trabajo. Aunque no me desarrollara como la persona que soy y que quiero llegar a ser, creía que fallaría a aquellas que habían confiado en mí.  Hiperresponsabilidad.
 
Un mensaje matutino: “¿Te vendrías a dar clases al instituto, que necesitamos profesor para refuerzo COVID y alguien en el equipo de Orientación?”. Una respuesta inmediata e idéntica a la que di el año anterior: “Ojalá, pero no puedo. Aunque ganas no me faltan, es imposible dejar la empresa en el momento actual en el que se encuentra, desde hace varios años no encuentro un actual que sea buen momento”. Y así, dejé volar los posibles observando cómo se alejaban lentamente, con cierta resignación.
 
¡A otra cosa! 
 
Pero cometí el acierto de comentarlo con mi comunidad, que me señaló otra perspectiva. Con cierta guasa, a veces pienso que solo Dios conoce realmente como eres, y es la comunidad la que lo padece. Y así me vieron estresada, malhumorada o con abulia, en ocasiones. Por ello, aunque mis amigos tuvieran que asumir las labores que yo dejaría durante un año y nos echáramos mucho de menos, se antepuso el bien de la persona. ¡Y quién sabe si esa decisión luego no tornaría en un mayor bienestar grupal!
 
Es un privilegio vivir este trocito de cielo en la Tierra y vivir con personas de tanta calidad humana. Emociona que los que más te quieren, te quieran libre, te traten con absoluto respeto, sin imponer, solo escuchando e impulsando a ser lo que más desees. Es como si Dios mismo te estuviera tratando. Sería un tiempo de disfrutarnos en la ausencia, un período de reparación para retornar con paz y creatividad. 
 
Trabajar con jóvenes es otro nivel. Tratas pequeños problemas cotidianos que se hacen un mundo para ellos. Animas a que expongan sus emociones, que se conozcan, que se muestren vulnerables: las antípodas de la vida real. Te llevas la mitad del tiempo mandando a callar, y la otra mitad aguantando la risa porque algunas de las interrupciones tienen gracia. Salvas la vida de los que te dicen que su vida no tiene sentido y quieren morir (¡Yo!, a la vez tantas veces salvada). Escuchas historias para no dormir, familias desestructuradas, sin recursos, pobres, a las que sus pequeños hijos se les van de las manos. Entras en casas abandonadas por padres enajenados a los que nadie les enseñó a serlo; y algunos quieren aprender y te abren sus puertas. 
 
¡Qué bella labor en medio de una inestabilidad arriesgada e invisible!
 
A poco, lo evidente es un regalo. Lo pequeño se hace grande. 
 
Y ahí, en medio de todo, puedo decir: ¡Me salvas a cada rato, Padre bueno! Gracias por tus caricias constantes y por tus ángeles que tan a tino estuvieron señalando algunos datos buenos.  

 

Sara Canca Repiso

Psicóloga  (Murtra Galilea)

Miembro de la Colegiata de Ntra. Sra. del Cielo




CAMINAR JUNT@S


El cuarto tema que plantea la secretaria del sínodo es:

4. Celebrar


Se nos propone meditar como comunidad, como grupo, cuál es el valor de la celebración de la fe en nuestra vida. La Eucaristía como centro, estar juntos en torno a Jesús Resucitado para alimentarnos con su cuerpo y su palabra, en una lectura compartida de los Evangelios... Los demás sacramentos y maneras de conmemorar y vivenciar la vida de Cristo, todo esto que llamamos "celebrar", ¿transforma nuestra vida para bien?. ¿Orienta nuestras decisiones individuales y grupales?. ¿Ponemos al Señor en medio de la fiesta, presidiéndonos en la caridad?. Interrogantes de largo alcance en nuestra vida de creyentes.



MEDITACIÓN


Imagen cortesía Toñi Ortiz






FEBRERO 2022

APROXIMÁNDOME AL INDÓMITO SUR

 

Curioso estar frente a un lugar donde el mar arrasó con todo, claro, hace doce años. Doce: tres por cuatro; doce: nueve y tres; doce: siete y cinco. Doce: un perro es anciano, un gato también. Un humano de doce, todavía es menor, requiere atención, aunque ya es muy autónomo y se cree adulto (sorry al lector no quiero ofender).

 

También estos doce años de la Costa del Maule, en Chile, tienen que ser de cuidado, a la par de la exuberante fuerza de la vida, todavía hay muros y casas nunca más en pie. Quedaron ahí. Los carteles de evacuación en caso de tsunami están por todas partes para recordar que el mar se entra. Pero la normalidad abunda, como siempre, al día siguiente de la tormenta.

 

Las gaviotas felices hurguetean las orillas, llenas de pulgas de mar, machas y tantos moluscos que hacen sus caminos entre las arenas, como los juncos del humedal de Putú, suaves y fuertes a la vez, en esta porfía que tiene la vida de salir adelante.

 

Y claro, así son las gentes de estos lados, fuertes, trabajadores, de mar adentro, muchos pescadores, toda la costa tiene productos marinos frescos: algas, moluscos, crustáceos y pescados, pero también, gracias al choque de las dos placas tectónicas, la Pacífico contra la Continental, por subducción, resulta que el océano invade el cerro, -nunca mejor dicho- y vacas, caballos y hortalizas, pastan y crecen a borde orilla. De hecho, antes de la amenazante exportación de granos, este era el granero de Chile.

Acá, casi no es necesario rezar, Dios entra por los poros. Es tal la grandeza y presencia creadora que difícil es no ser artista, contemplativo e interreligioso, es como si una sola no bastara.

 

Y así sentados, siempre es frente a algo: mar, cerro, humedales, ríos, reservas, cielo, pastos… la vista se ensancha y penetra en el -a veces seco- ojo del visitante, transeúnte que se impregna de luz y color (qué débiles y pobres son a veces las palabras).

 

Imagenes Elisabet Juanola

No es playa, es mar abierto, indómito, fuerte en sus mareas, trenes de olas de natural tres y cuatro metros promedio, no se trata de saber nadar, es otra cosa… es supervivencia, pequeñez. Cuidado humanos, cuando la tierra respira vamos bien, ¡si estornuda es otra cosa!


Elisabet Juanola


Periodista

Miembro de la Colegiata de Ntra. Sra. del Cielo


Imagenes: Cortesía de Elisabet Juanola





CAMINAR JUNT@S



3. Tomar la palabra

 

El tercer tema que nos propone la Secretaría del Sínodo es "Tomar la palabra". Nos hace preguntarnos en qué medida en nuestras comunidades, parroquias, movimientos, podemos expresarnos con libertad, verdad y caridad. Si se dan las condiciones para que las personas puedan opinar con autenticidad y sin temor a ser juzgadas y condenadas por sus opiniones, claro está que expresadas siempre con respeto y sencillez. La Iglesia debería ser un espacio donde aprendamos a formular nuestras convicciones de ese modo.

 

Dentro del mismo ámbito de tomar la palabra, se encuentra la cuestión de cómo nos relacionamos con los medios de comunicación, cómo está la Iglesia presente en ellos, y si comunica su mensaje de manera eficaz; quién habla en nombre de la comunidad y si esas personas la representan debidamente.

 

¿Estamos en un clima de libertad comunicativa, dentro y fuera de nuestras comunidades?

 


MEDITACIÓN 

 

Imagen Toñi Ortiz

ENERO 2022

 EL SILENCIO ES ABRIRSE A LA REALIDAD


El silencio no es callar, es abrirse a la realidad, es la afirmación que hace Teresa Guardans, filóloga y lingüista, de Barcelona que acaba de publicar “Las claves del silencio. El arte de vivir”. En la entrevista que le hacen a raíz de la publicación de su libro, ella explica que cuando hizo su tesis doctoral sobre el silencio, hace años, la gente no entendía el por qué de una tesis doctoral sobre este tema. Señala que esto ahora,  ya no es tan difícil de entender, pues ya se ve que el silencio aporta y es una verdadera necesidad del ser humano.

Uno de los sectores donde más ha trabajado Guardans, es en el ámbito educativo, especialmente con profesores de básica y media. Y señala que con los niños y también con los adultos, trabajar el silencio tiene que ver en cómo atendemos, exploramos y nos fijamos en la realidad y, en el caso de los más pequeños, en cómo el cuerpo acompaña esta escucha, la manera de abrirse a todo, a la realidad… Guardans dice que cuando trabaja con profesores lo que explica es que esta dimensión silenciosa se tiene que incorporar en todos los ámbitos del conocimiento. Está bien hacer un tiempo de silencio al principio que sirva para relajar y reconducir la atención, pero lo interesante es que todas las áreas del conocimiento o de cualquier otra actividad, no se basen exclusivamente en la transmisión del conocimiento conceptual, sino que incorporen las capacidades de contemplación, escucha, interrogación y admiración. 

Llama la atención que lo que afirma Teresa Guardans sobre que el silencio es abrirse a la realidad, es lo mismo que señalan otros autores, como Javier Melloni cuando se refiere al silencio como apertura, y Tolentino Mendonça cuando escribe, que “el silencio es un lugar de lucha, de búsqueda y espera. Poco a poco nos sumamos a la posibilidad de dar espacio, de abrir nuestra vida al otro, dejándonos habitar por la revelación de la alteridad.”  También Pablo d’Ors dice que la meditación en silencio es tirarse de cabeza a la realidad y darse un baño de ser. Y Alfredo Rubio de Castarlenas, médico, sacerdote y poeta, vinculó siempre con su vida y su obra, el silencio en soledad con el hecho de contemplar y abrazar la realidad. Los espacios de estar a solas y en silencio no son para huir de la realidad sino para mirarla con mayor perspectiva y hondura. Con una mirada más amplia que no nos encierre en lo que es la realidad en sí, sino que, desde ella, desde su aceptación, podamos abrirnos a las nuevas posibilidades que brotan desde su mismo núcleo.


Lourdes Flavià Forcada

Murtra Santa María del Silencio

Miembro de la Colegiata Ntra. Sra. del Cielo


Fuente: murtra.org 

Imagen: Pixabay



CAMINAR JUNT@S


2. Escuchar

El segundo tema del Sínodo nos invita a plantearnos cuánto, cómo y a quién escuchamos; con quién estamos en deuda de escucha. Si como Iglesia somos capaces de escuchar a personas que piensan distinto y nos cuestionan; si logramos abrirnos a comprender a los demás, sin prejuicios, descalificaciones o condenas… 

En esta pregunta hay una dimensión individual y también una comunitaria. 

La escucha -activa, realmente empática- es una actitud propia de las personas respecto a otras personas. Consiste en dejar en reposo nuestras ideas y propuestas, para recibir con respeto y comprensión las de la otra persona. Escuchar su historia, sus impresiones, sus valores…y acogerla sin juicios para poder ofrecerle luego alguna impresión o pista que pueda servirle, si es que lo necesita.

Y muchas personas capaces de escuchar, forman comunidades abiertas a los demás, no para renunciar a las propias convicciones, sino siendo capaces de aprender lo que otros aportan, y de com-padecer si hay sufrimiento o dolor. Estar a la escucha nos ayuda a poder ofrecer lo mejor de nosotros mismos, de acuerdo con el Evangelio, si el otro tiene necesidad de algo. 

Muchas comunidades abiertas y coherentes, forman una Iglesia acogedora y escuchadora de la sociedad. Para comprenderla mejor, para sintonizar con sus necesidades más hondas, para generar una palabra elocuente que surja del auténtico encuentro.

¿Somos personas, comunidades, Iglesia, capaces de escuchar? ¿Cómo podemos mejorar en este camino?


DICIEMBRE 2021

INMACULADA

Esta palabra nos evoca la condición de la madre de Jesús de Nazaret, María, la “llena de gracia”, a quien la Iglesia proclamó en 1854 como preservada de todo pecado desde su concepción. Se considera un don especialísimo –que seguramente también compartió José “el justo”-, para que pudieran acoger y acompañar en plenitud el desarrollo humano y sobrenatural de Jesús.
En esta breve meditación, advirtiendo que pretende ser sólo eso, me gustaría adentrarme de puntillas y descalza en el corazón de María, ese espacio íntimo y lleno de luz donde ella meditaba los acontecimientos, donde discernía su actuar, donde se dejaba conducir por la inspiración del Espíritu de Dios para colaborar con el Padre en la obra de la salvación. Y a partir de allí, interrogarme cómo cada un@ de nosotros podemos seguir ese camino, porque como decía el Padre Alfredo Rubio, tod@s tenemos que ser inmaculad@s para entrar en el Cielo.

Sin pecado

Empiezo por preguntarme: ¿qué quiere decir “inmaculada”? Literalmente, es “sin mancha”, “sin pecado”. O sea, sin nada que la separe del Amor de Dios. Sin orgullo, sin egoísmo, sin mentiras, sin envidias, sin celos, sin resentimientos, sin ira, sin desprecio ni dominio o sumisión hacia nadie. Y en cambio, llena de amor, de perdón, sencillez, verdad, humildad, transparencia, sabiduría…
¿Y qué no quiere decir inmaculada? Estar libre de pecado no quita nada a lo natural de su concepción biológica. Ella nació de dos personas que se amaban y la concibieron como fruto de ese amor humano expresado físicamente.
Esa pureza radical de su corazón tampoco elimina los límites naturales de cualquier ser humano: no le ahorró las dudas, ni los posibles conflictos o malentendidos con otras personas, ni los límites al conocimiento, ni los errores, tropiezos o posibles enfermedades, ni por supuesto le evitó la muerte. En otras palabras: no era Dios. Se trata de un ser humano como cualquier otro, sólo que particularmente dotada y sostenida para el amor más generoso y la docilidad más total a las mociones del Espíritu Santo.
Vayamos más a lo concreto: una jovencita de su tiempo, de un lugar pobre y modesto de la palestina ocupada por los romanos, llena de fe y de amor por el Dios de Israel, y como parte del “resto” de ese pueblo, esperando la venida del Salvador. Una chica normalísima, pero a la vez especial por la alegría y la sencillez que desprende. Con una inmensa confianza en Yahvé, a quien siente en lo íntimo de su interior y con quien se encuentra cotidianamente. Su compromiso con José, tan bueno e igualmente lleno de Dios, parece la desembocadura natural de una vida como la suya para formar una familia.
Pero en un momento dado nota un elemento nuevo en la relación con Dios.  El anuncio del Ángel tiene algo de extraordinario. Es un saludo especial y distinto. Se le solicita dar un paso más en ese diálogo de amor con el Padre; se siente interpelada para colaborar de manera más intensa en el plan de salvación del Señor. Tiene que ponerse en juego a sí misma, más incluso que muchos de los Profetas de Israel. ¡Y es sólo una jovencita que aún no se ha casado! Entonces no es raro que se turbe: la invitan a entrar en un nivel de intimidad con Dios mismo como no se había visto hasta entonces: entrevé que el Altísimo la cubrirá con su sombra -¡se hará carne en sus entrañas!- y dará a luz al Esperado. Pero el Señor no quiere hacerlo sin contar con su asentimiento. ¡Dios le pide asociarse con Él para cumplir su plan de amor! Ella no entiende mucho; pero sabe que será el máximo bien para el pueblo, y más aún, para el mundo… Pero, sobre todo, ama y confía. ¡El Señor es el amor de su vida! Entonces decide decir que sí, más allá de toda comprensión.
¡Qué tranquilidad debió sentir cuando se encontró con Isabel, que también tenía un papel en ese proyecto, y a quien Dios le había anunciado que María llevaba en su vientre al Salvador!
Y más aún, qué alegría compartida cuando pudo hablar con José y juntos reafirmaron su docilidad al Espíritu. Con una relación inigualable de respeto, amor, fidelidad y alegría, crearon un entorno de unidad indisoluble para acoger al Niño, y para afrontar las adversidades de la maldad humana.
Su docilidad para dejar que Dios irrumpiera en la historia a través de ella, se mantuvo y creció día tras día hasta el Calvario, la resurrección y Pentecostés.
María (dijo Jesús a la mística mexicana Concepción Cabrera de Armida) fue inmaculada porque nunca puso obstáculos a la acción del Espíritu Santo.

¿Y nosotros?

El Padre Alfredo Rubio nos indicaba que María era inmaculada por la inocencia (un don especial), y María Magdalena, inmaculada por la penitencia. Ella siguió a Jesús fielmente, tuvo que convertirse y dejar atrás el “mundo viejo” -Jesús expulsó de ella siete demonios (Lc 8, 1-2). Éste es el camino que nos corresponde seguir a nosotros: siendo discípul@s, ir creciendo en docilidad al Espíritu de Dios, dejando atrás, con decisión, todo lo que nos impide amar, todo lo que nos separa del Amor de Cristo y de los demás. Dejar atrás envidias y celos, orgullo y soberbia. Abandonar resentimientos. “Perdoné y me hiciste inmaculado”, dice Alfredo en su paráfrasis del Padre Nuestro. El camino de la humildad, la misericordia y el perdón es un camino progresivo, a veces más lento, a veces más veloz, que se despliega cuanto más ponemos la libertad en juego para que Dios habite en nosotros. Y para ello siempre contamos con la ayuda de María nuestra madre, de José y de l@s sant@s amig@s.
Animémonos mutuamente en el camino hacia ese “ser inmaculad@s”, que en definitiva es el camino de la santidad. Con ayuda de Dios, es a lo que estamos llamad@s.
 


Leticia Soberón 
Psicóloga, experta en comunicación 
Miembro Colegiata Ntra. Sra. del Cielo

   

CAMINAR JUNT@S


 El primer tema que nos propone la Secretaría del Sínodo para deliberar es:

1. Compañeros de viaje: ¿A quiénes consideramos compañeros de viaje en este caminar juntos? ¿A quién excluimos?

Esta pregunta nos interpela sobre nuestra tendencia a encerrarnos en círculos conocidos, donde los rostros y el lenguaje compartido nos son familiares, donde los valores se priorizan de manera similar. Cuando decimos "Iglesia", no nos referimos sólo a nuestro modo de vivir la Iglesia, sino al variopinto y plural mosaico de sensibilidades, estilos y talantes de expresión del mismo Evangelio. Nadie tiene el monopolio de Jesucristo; ninguno de los 12 apóstoles ni de los 4 evangelistas podían expresar la riqueza del rostro del Señor de manera aislada. Se necesitan unos a otros, porque siempre insistimos en unos aspectos más que en otros, y se requiere la totalidad del cuerpo de la Iglesia para manifestar esa riqueza. 
Así que está muy bien preguntarnos si estamos excluyendo a alguien en este "caminar juntos", de modo que no sean grupúsculos aislados, sino un verdadero cuerpo integrado y lleno del Espíritu Santo.
Ojo que aquí no hay fronteras muy nítidas sobre quién forma parte de la Iglesia.  ¿Los bautizados? ¿Los que van a misa? ¿Los que se dicen católicos?
En este camino sinodal se nos invita a mirar alrededor con mayor apertura para extender nuestra capacidad de acogida y de sintonía, caminar juntos no sólo con los amigos, sino con otros menos conocidos que también se sienten discípulos de Jesús.